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La ansiedad forma parte de la condición humana y sirve para
afrontar situaciones de peligro o riesgo. Sin embargo, cuando es demasiado
intensa, se convierte en una fuente de sufrimiento que es necesario controlar.
La ansiedad constituye un aspecto normal
del estado emocional de los seres humanos. La angustia se define como un afecto
similar al miedo pero que, a diferencia de este, no obedece a un estímulo
amenazante externo, sino que es vivida como procedente de la interioridad
psíquica del individuo.
La ansiedad, al igual que otros sentimientos
(placer, exaltación, euforia, éxtasis, tristeza, ira, rabia y calma), son
fundamentales en la vida de las personas; regulan la interacción con los demás
y ofrecen un sistema de alarma que, en el caso del miedo, sirven para afrontar
situaciones de peligro o riesgo.
La característica esencial de este trastorno es un sentimiento
de desazón y desasosiego generalizados y persistentes, que no están
referidos a ninguna circunstancia ambiental en particular. Lo más habitual es
que el paciente se queje de estar permanentemente nervioso, así
como de sentir otros síntomas típicos de la ansiedad como
temblores, tensión muscular, exceso de sudoración, mareos y vértigos,
taquicardia, y molestias epigástricas.
En el tratamiento de la ansiedad se recurre
generalmente a la utilización de estos fármacos:
- Benzodiazepinas
(ansiolíticos).
- Inhibidores
selectivos de la receptación de serotonina (ISRS).
- Antidepresivos tricíclicos
e inhibidores selectivos de la monoaminooxidasa (MAO).
No obstante, antes de utilizarlos recuerda que hay que
consultar siempre con un especialista.
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La ansiedad suele ir acompañada de pensamientos negativos
que la alimentan y generan un gran malestar. Identificarlos y tratar de verlos
con objetividad, pienso que es un paso decisivo para comenzar a sentirse mejor.
Sé que esos pensamientos pueden hacer que lo pases realmente mal, pero para tu
tranquilidad te digo, que no has de preocuparte por el hecho de tenerlos. Todo
el mundo, en un momento dado puede tener pensamientos negativos, catastróficos
o indeseables. Ése no es el problema. Repito, el problema no es tenerlos. El
problema es qué hacemos con ellos. Ahí es donde está la clave. Cuando nos
creemos esos pensamientos, los hacemos nuestros y nos identificamos con ellos,
es cuando nos hacen sufrir. Llegando hacer incluso que dudemos de nuestra
propia cordura. No te identifiques con los pensamientos negativos, pues en
verdad nada dicen de ti. Esos pensamientos no te definen, no son parte de tu
ser. Tú no eres esos pensamientos, tú no eres tu ansiedad.





