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  • Posted by : Candy Zapata

    Hoy he estado trasteando en el baúl que mi abuela me dejó; fotos, ropa, pastillas de jabón "heno de pravia", recuerdos de toda una vida, he encontrado algunas revistas editadas en esta linda ciudad,
    GUADALGENIL.
    En homenaje a mi abuela voy a publicar de vez en cuando  artículos que viene en ella.
     
    Nota: no voy a emitir errores de ortografía para que tomemos en valor el esfuerzo que hacían para poder publicar

    GUADALGENIL( palma del río, 21 de junio de 1959) Número extraordinario

    AÑOI ^ NUM^l Depósito legal CO Í04959 
    Redacción y Administración: JOSE ANTONIO, 19 - Palma del Río Talleres; TIPOGRAFIA CATOLICA - Teléfono 25097 ^ Córdoba 
    buscripción anual 100 ptas Número suelto 2 ptas. 

    Una palmeña escribe.....
    Si yo fuera Alcalde de Palma, (bueno, esto es un decir, porque que yo sepa en España a las mujeres no se nos da ese cargo; y a decir verdad sólo sé que hay una Alcaldesa en no me acuerdo qué país de América del Sur).
    En fin, a lo que iba: si yo fuera Alcalde de Palma escribiría una carta a todas
    y cada una de las amas de casa de nuestro pueblo invitándolas (y no digo invitándonos porque yo, desgraciadamente, todavía no soy ama de casa) a que pusieran macetas, muchas macetas, todas las que quepan, en nuestros balcones y ventanas que dan a la calle.

    Si se dice que Andalucía es el jardín de España, Palma debiera ser la glorieta más florida y más bonita de ese jardín, que por algo tiene el privilegio de estar precisamente en el corazón de la <xTierra de María Santísimax^.
    Y por su clima, por <Ksu ambiente», quizás pocos pueblos de nuestra Andalucía estén más obligados a mostrarse como tal jardín.


    Antes, no hace muchos años, en varias calles de nuestro pueblo había bastantes balcones e incluso ventanas cuyas propietarias hacían un verdadero alar de de feminidad y buen gusto atestándolos de flores, (gitanillas, claveles, azucenas, etc), que llamaban la atención de todos y daba gloria mirarlos.

    Parecía haber una verdadera competencia a ver en cual de ellos había más flores y más hermosas, especialmente, y creo que no estará fuera de lugar recordarlos concretamente, para que sirva de estímulo, había algunos que destacaban: Por ejemplo,
    en la calle Feria había tres casas cuyos balcones daba gloria ver, atestados principalmente de gitanillas: dos casi en la esquina de la calle Cuerpo de Cristo, uno en la que hace ochava con la calle Coronada y tres o cuatro seguidos en cierta casa en cuya planta baja hay un conocido bar. Por cierto que, con respecto a esta última, oí decir una cosa muy simpática en cierta ocasión, que no sé si será <xrigurosamente históricax^, pero que aunque no lo fuera merecía serlo: Me contaron que un día, en plena primavera, entró por la calle Feria un automóvil cuyos ocupantes eran forasteros (y este es el mérito que yo le encuentro a la anécdota); al pasar bajo los tres o cuatro balcones, atestados de gitanillas y otras flores, a que me refiero, fué tal su admiración y entusiasmo, que no pudieron por menos de parar el coche, entrar en el bar, al que a lo mejor, si no hubiera sido por eso, ni siquiera pensaban llegar y después de pedir unas cervezas preguntaron al camarero quien era la dueña de aquellos balcones. Al responderles^ que la esposa del propietario del establecimiento.

    contestaron: —<xPues, dí- gale que la felicitamos sinceramente por esos balcones que son una maravilla y que nos hemos detenido aquí, expresamente para decírselo». ¿Qué, qué os parece? ¿No es una satisfacción para cualquier mujer y aún para cualquier palmeño, este simpático de talle? Para mí, por lo menos, lo hubiera siúo y confieso que me hubiese puesto «más ancha que alta».

    Y no era sólo en la calle Feria. Había también otro balcón en una de las casas más bonitas de la calle Portal, que rebosaba de gitanillas rosas y lilas; y en la misma calle, poco más allá, otro cuajado de claveles rojos, reventones, que se quedaba una prendada al verlos. Y ahora que digo claveles,
    ¿pues y uno en la calle ancho, que, especialmente en los días de Semana Santa, llamaba la atención de todo el que pasaba? En fin, no es posible señalar, porque eran muchos y a cual más precioso.

    Lástima que (y por eso hasta ahora digo hubo y había), parece que aquellose va perdiendo. ¡Qué pena! ¿Y por qué ese olvido?, me pregunto yo. ¿No os gustaría que nuestro pueblo tuviese fama de que sus calles son un constante e ininterrumpido jardín?
    ¿Que cuando un forastero venga a Palma se marchase elogiando que no ha visto un pueblo con más ventanas y balcones llenos, atestados, de flores?.

    Precisamente el Ayuntamiento nos dá un éjemplo habiendo plantado en los dos extremos del pueblo, a la entrada y al final, dos preciosos jardines:
    A la entrada, primero con esa rosaleda junto a los Grupos Escolares, que es una bendición de Dios; luego esa maravilla de rosales que están sobre las murallas, que yo no me canso de admirar y voy a ver cada vez que tengo ocasión; después los que hay en la Plaza del Ayuntamiento, tan lindos, tan «coquetones». 

    Y cuando ya se atraviesa el pueblo, tenemos el Jardín del Paseo, que es una delicia y que encanta a todos los forasteros. (Por cierto que ahora está mejor cuidado que nunca y aprovecho con mucho gusto la ocasión para felicitar por ello a nuestro Alcalde, al Concejal encargado de ello y desde luego al Jardinero Municipal).

    ¡Pués que cunda el ejemplo! ¡Vamos, palmeñas, animaros! Que no hay cosa más hermosa, más femenina, más poética, más española y sobre todo más andaluza que un balcón o una ventana llenos de flores. Que por algo lo que más nos gusta a una mujer es que un hombre, sobre todo en Andalucía, nos «eche una flor», ¿verdad?. Por lo menos a   HORTENSIA

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